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LEYENDAS

Diego Pablo Simeone

Biografía del centrocampista del Atlético en la segunda mitad de los noventa.


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Diego Pablo Simeone González, nacido en Buenos Aires el 28 de abril de 1970.

Hijo del también futbolista, Giovanni Simeone, Diego siguió pronto los pasos de su padre, y es que nunca se separaba de la pelota desde niño. Su nervio y el carácter puramente competitivo que mostró desde muy joven pronto le valdría ingresar en las categorías inferiores de Vélez Sarsfield, equipo del barrio de Liniers, al oeste de la ciudad de Buenos Aires.

Cuando apenas contaba los 15 años, el mítico de Vélez, Victorio Spinetto, se iba a fijar en el potencial de un Diego ambicioso e incansable que podía desenvolverse con competencia en cualquier parte del campo. Spinetto lo apodaría cariñosamente “Cholo” ya que su polivalencia y su carácter batallador le recordaba al ex-jugador de Boca y Vélez, Carmelo Simeone, conocido como Cholo, además de compartir apellido, pese a que no eran parientes.

Toda la juventud de Diego transcurrió en las categorías inferiores de Vélez, donde progresaría a gran velocidad hasta lograr el debut con la primera plantilla, en septiembre de 1987 con tan solo 17 años. Desde entonces disputaría 82 partidos oficiales con Vélez, anotando 15 goles y convirtiéndose en uno de los jóvenes más reputados del momento en Argentina. Ex-compañeros y entrenadores de la época han declarado en entrevistas que ya desde muy joven, Diego tenía las ideas muy claras y una capacidad de mando innata, dentro y fuera del campo.

Sus cualidades tácticas, su empuje y su facilidad para llegar a posiciones de gol, le valió ser seleccionado desde muy joven para jugar con la albiceleste, debutando en partido amistoso en 1988 y disputando el Mundial Sub-20 en 1989.

A pesar de que su carrera se encontraba muy bien encauzada con apenas 19 años, “Cholo” sabía muy bien que si un jugador quería triunfar de verdad y llegar a lo más alto, tenía que jugar en Europa. Pleno de confianza en si mismo y sus posibilidades, pondría rumbo, al igual que otras figuras argentinas durante aquellos años, al campeonato de moda en el viejo continente, el Calcio italiano. No tuvo mucho donde elegir y se conformó con la oferta de un modesto Pisa AC.

En el Calcio, perfilaría aún más sus características de centrocampista todo terreno, habilidoso en el juego del balón, correoso en el marcaje y con una espectacular llegada desde segunda linea. Tras dos temporadas como titular prácticamente indiscutible en la medular, Carlos Salvador Bilardo, campeón del mundo con Argentina en el 1986 y subcampeón en 1990, pide expresamente su fichaje para el Sevilla F.C. El técnico Carlos Bilardo, conocedor de las cualidades y carácter ganador del “Cholo” de su etapa en las categorías inferiores de la Selección Argentina pensó en él como el escudero perfecto para Diego Armando Maradona,  el cuál había llegado de la mano del técnico al equipo andaluz como flamante fichaje a pesar de encontrarse en el ocaso de su carrera, luego de diversos escandalos en su vida privada.

El paso de Bilardo y Diego Armando Maradona por Sevilla fue efímero, y a pesar de cuajar una buena temporada, resultaron eclipsados por un inolvidable Superdepor y las buenas campañas de Real Madrid y Barcelona, quedando el Sevilla en séptima posición, arrebatándole el Atlético de Madrid la última plaza que daba el acceso a Europa. Sin embargo, al Cholo, le iba a servir para lograr hacerse un hueco en la Selección Argentina, con la que conquistaría dos Copas América y una Confederaciones.

Para la siguiente campaña, iban a coincidir en el Sevilla dos nombres clave en la historia del Atlético de Madrid y es que Luis Aragonés, se iba a hacer cargo de dirigir al cuadro andaluz en la siguiente campaña. Serían dos temporadas de intenso trabajo a las órdenes del “Sabio de Hortaleza” donde Simeone se ganó el corazón de la grada y la confianza del cuerpo técnico con su saber estar, su entrega incondicional y su liderazgo dentro y fuera del campo. Tras dos buenas campañas y lograr finalmente la plaza europea para el Sevilla, el nombre de Diego Simeone comenzaría a sonar fuerte en el entorno Atlético para la campaña 1994/1995. La afición atlética ya conocía al “Cholo”. Un gol desde el centro del campo y alguna que otra polémica por la rudeza del juego del argentino, no le habían granjeado precisamente las simpatías de la hinchada colchonera. Esa situación, no tardo en revertirse una vez se hizo oficial el fichaje por el club madrileño. Sus referencias eran inmejorables y llegaba en un buen momento de su carrera, siendo uno de los nombres más importantes de la albiceleste en el reciente Mundial USA 94.

Su primera temporada en el Atlético fue irregular y convulsa. A pesar de contar con una plantilla de gran calidad y de jugar al lado de futbolistas como Caminero, Kiko, Vizcaíno o Toni Muñoz el equipo adolecía de gran inestabilidad institucional y falta de dirección técnica adecuada, lo que hizo que terminase el año tan solo un punto por encima de los puestos de promoción para el descenso. Simeone no tardó en cambiar la antipatía de la grada colchonera por gran afecto, mostrando los mismos valores de los que había hecho gala a lo largo de su carrera. Entrega incondicional, trabajo incansable, liderazgo, solidaridad en el campo y, como muchos de sus detractores criticaban, máxima intensidad en su juego que a veces rayaba en la dureza.

Con la llegada de Antic y la gestación de lo que iba a ser el equipo del mítico doblete, Simeone iba a lograr el estatus de gran figura que ya le acompañaría el resto de sus días como futbolista. Fue parte imprescindible de aquel centro del campo que marcó el devenir en aquella temporada 1995/1996. Su labor de achique, de presión, su imprevisibilidad en la llegada, su habilidad en el regate y su solidaridad para descargar de trabajo a Caminero o Pantic fueron clave en el juego desplegado por los rojiblancos. Pero además explotó al máximo sus cualidades de liderazgo, de comunión con la grada e incluso participó con goles decisivos en la consecución del título de Liga. Aquel año se convertiría en uno de los grandes iconos de la afición Atlética, que iba a corear su nombre aquel año y muchos años después incluso de su marcha de retorno al Calcio.

Diego había conseguido la doble corona española y el reconocimiento y estatus que había perseguido al abandonar su país. Sin embargo “el Cholo” ambicionaba más. La posterior campaña, el Atlético afrontaba la Champions con buenas expectativas de conseguir algo grande, sin embargo la mala fortuna en su cruce ante el Ajax, le mandaría a casa en los cuartos. Aquel además fue un año de mucha turbulencia mediática en el entorno del vestuario Atlético. Choques de egos, enemistades presuntas entre pesos pesados de la plantilla y la vieja sombra de la inestabilidad que durante toda la década hizo mella en el club rojiblanco.

El Calcio era el campeonato de moda en Europa y además muy del agrado del “Cholo”. A pesar del mutuo cariño que le unía con la parroquia rojiblanca, Diego firmaría durante dos campañas con el Inter de Milán y un ambicioso proyecto, con Ronaldo Nazario como gran estandarte. Aquel primer año lograria la Copa de la UEFA y el subcampeonato de Liga con el equipo milanista. Sin embargo, una segunda temporada con algo menos de brillo supuso la salida del “Cholo” rumbo a la ciudad de Roma para formar parte de un inolvidable Lazio.

Cuatro brillantes campañas en el equipo italiano, en especial la primera donde formo parte de un inolvidable plantel que gano Liga, Copa y Supercopa de Italia.

Ya como fijo en la albiceleste, y tomando el brazalete de capitán de la selección albiceleste después de Maradona, siendo el primero en heredarlo, Diego disputaría dos mundiales más, el de Francia 98 y el de Corea y Japón 2002, con resultados más bien discretos para el combinado argentino.

En el año 2003, retornaría de manera sorpresiva a España, de nuevo al Atlético de Madrid, recien retornado a Primera División tras dos años en la categoría de plata. Lejos del nivel ofrecido en los años del doblete, pero con su jerarquía y liderazgo intactos, Simeone aporto el trabajo y la disposición táctica en él acostumbrado, además de aportar simbología a un club, todavía muy maltrecho tras la intervención judicial y los años en segunda. Allí haría bloque de vestuario con gente como Germán Burgos, Gabi o Fernando Torres para tratar de devolver al Atlético a su lugar en las primeras posiciones de la tabla. Tras dos temporadas en el Atlético, donde consolidaría el gran cariño que siente por él la aficion colchonera, pondría rumbo a su país para terminar sus días de futbolista en el Racing Club, equipo donde realizaría tareas propias de jugador entrenador, hasta que en 2006 iniciaría los trámites para poder hacerse cargo del Racing Club, ya como entrenador acreditado.

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